lunes, 13 de abril de 2026

 

“Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 

Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste”. Juan 17:1-8


Introducción.

En los últimos momentos de nuestro Señor Jesús aquí en la tierra antes de su crucifixión, decide orar, pero en lugar de esconderse de Sus enemigos que querían aniquilarlo, o idear un plan para demostrar su inocencia, o reunir a todas sus personas favoritas para pasar los últimos minutos con ellos, Jesús deseó estar solo para poder orar. 

Inicia su oración orando por sí mismo para que pudiese tener las fuerzas necesarias para cumplir cabalmente con el propósito de su venida: Dar vida eterna.

Pero también manifiesta un tema muy discretamente sobre la importancia que significaba conocer a Dios o no, en función de la vida eterna de los creyentes. De este tema tema casi no se habla actualmente, sino que se habla abundantemente sobre la necesidad de creer, de la fe y hasta de la súper fe, pero muy poco se habla de conocer a Dios.

Particularmente me llama poderosamente la atención que en el versículo 17:3 Jesús aclara que tener vida eterna significaba o implicaba conocer al Padre. Dicho en otra manera si usted conocía o conoce al Padre (y lógicamente cree en El) tiene vida eterna y si no le conoce entendemos no la tiene.

¿Porque? 

Porque sencillamente No podemos creer en lo que no conocemos…

Juan 17:6-8 dice: “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste”.


Al que cree todo le es posible 

En Marco 9:23-25 Jesús afirma luego de sanar a un joven que para la persona que cree todo le era posible: “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él”.

¿Porque el poder de la Fe se manifestó grandemente como un milagro en este caso?, ¿Acaso conocían a Jesús estas personas?

Evidentemente si lo conocían, por lo que no dudaron en pedir la intervención divina del Mesías con la expectativa segura de que algo bueno ocurriría, porque conocían y sabían muy bien sonbre el poder que tenía Jesús. 

Ahora bien, no se trata de cambiar las escrituras ni de agregar una nueva condición a los requisitos de la obra de Salvación, sino se trata de algo que lleva implícito el acto de creer: Conocer en quien hemos creído. No es un juego de palabras, es que muchos actualmente productos de una conversión mayoritariamente emocional, creen que creen...

Cuando creemos de corazón sabemos y conocemos muy bien en quién hemos creído. Por ello el apóstol Pablo no duda en afirmar una declaración de confianza absoluta en Jesucristo, cuando le escribe la 2da. carta a su discípulo Timoteo: "Por eso mismo padezco esto. Pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro de que él es poderoso para guardar mi depósito para aquel día". 2 Timoteo 1:12


Porque le conocemos sabemos que existe.

hay una historia ilustrativa que podemos tomar para entender mediante la similitud de un ejemplo práctico: 

En una ocasión un reconocido ateo dictaba una conferencia ante un gran auditorio, y después de haber finalizado su discurso, invitó a cualquiera que tuviese preguntas a que subiera a la plataforma. Después de unos momentos un hombre que había sido bien conocido en la localidad por su afición a las bebidas embriagantes, pero que había sido salvo recientemente, aceptó la invitación, y sacando una naranja del bolsillo comenzó a pelarla lentamente.

El conferencista le pidió que hiciera la pregunta; pero el hombre continuó imperturbable pelando la naranja, al término de lo cual, se la comió. Cuando terminó de comérsela se volvió al conferencista y le preguntó: —¿Esta dulce o agria? —No me pregunte tonterías— respondió el orador con señales evidentes de enojo—. ¿Cómo puedo saber el gusto si no la he probado?

El borracho convertido respondió entonces: —Y ¿cómo puede usted saber algo de Cristo si nunca lo ha conocido? —Nunca hables o digas algo sobre Dios, si tu no le conoces... 


¿Cómo conocer más a Dios?

Más o menos esta misma pregunta le formulo el apóstol Felipe a nuestro Señor Jesucristo y la respuesta que recibió fue: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: "Muéstranos al Padre?” (Juan 14-9).


La clave para conocer a Dios está en conocer a Cristo, pero para conocer a Dios no hay una receta ni una porción bíblica que nos liste las condiciones o formas necesarias para conocer más a Dios. No obstante si aplicamos la hermenéutica en cuanto a este tema, la Biblia pondrá de manifiesto muchas formas de conocer a Dios

Conociendo su carácter, amor, inmutabilidad, santidad, justicia, etc.

Conociendo su palabra.

Orando.

Imitando a Dios.

Amando, obedeciéndole, etc.


¿Es importante conocer a Dios?

La importancia de conocer a Dios es fundamental para que podamos creer verdaderamente en Dios. 

En una ocasión el asistente del profeta Eliseo estaba muy asustado por el peligro inminente de un ataque en la ciudad de Dotan, donde se encontraban rodeados completamente por el poderoso ejército Sirio y donde humanamente hablando no tendrían ninguna oportunidad de defensa. El deseaba creer por su propio bien que todo estaría bien, pero no podía ante la realidad abrumante ante él. Dándose cuenta de esta situación intervino el profeta Eliseo y exclamo inspirado una de sus más bellas palabras: "No tengas miedo, que más son los que están con nosotros que los que están con ellos". Pero para que su siervo creyera era necesario mostrarle el poder de Dios y oro al Padre por una visión espiritual, entonces Dios abrió los ojos del criado, quien vio la montaña llena de caballos y carros de fuego, ángeles protectores alrededor de Eliseo. 

En resumen, ahora que había conocido el poder de Dios, ahora si creía... Muchos te dirán que creas, que aumentes y actives tu fe, pero como podemos hacer esto si no conocemos a Dios, no conocemos el autor y consumador de la fe… (ver hebreos 12:2).

Probemos nuestra fe conociendo a Jesus.

Oseas 4:1 dice: 

“Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra”.

Bendiciones.